La vida está llena de altibajos. Parece imposible permanecer en un estado en el que nada nos perturbe, o, al menos, no durante demasiado tiempo. Tarde o temprano, algo sucede que rompe nuestra rutina, nuestros esquemas o nos causa algún malestar. Una conversación tensa, un electrodoméstico que se rompe, una mala noticia, un café que se derrama. Siempre puede suceder algo que nos saque de nuestras casillas.
Por eso la clave no está en evitar que las cosas sucedan, sino en nuestra capacidad de reiniciarnos. Es decir, nuestra capacidad de seguir adelante después de ese momento incómodo, de ese día en el que no nos apetece hacer nada. Y esto, explica la psicóloga Leticia Martín Enjuto para Cuerpomente, no es algo innato, es “una habilidad psicológica que puede entrenarse”. Porque la clave no es lo que te ocurre, sino cuánto tiempo permaneces atrapado en ello. Y estos son los pasos que, según la experta, debes dar para aprender a reiniciarte.
Identificar
Cabe la tentación de pensar que reiniciar tiene que ver con hacer “borrón y cuenta nueva”, como si eso significase ignorar lo que nos está sucediendo. Pero, como nos explica la experta, está lejos de ser así.
“Reiniciarte rápido no significa ignorar lo ocurrido ni reprimir emociones. De hecho, implica todo lo contrario: reconocer lo que ha pasado, permitir la emoción y, después, elegir conscientemente no quedarte atrapado en ella más tiempo del necesario. Es una forma de autorregulación emocional que combina aceptación y acción”, asegura Leticia Martín Enjuto, directora del Centro de Psicología que lleva su nombre.
Es por eso por lo que el primer paso para este “reinicio” es, precisamente, identificar cuándo nos hemos quedado enganchados en algo que nos ha molestado. “Puede manifestarse como rumiación, autocrítica o una sensación de bloqueo”, explica la experta. Al ponerle nombre a ese estado, ya estamos empezando a tomar distancia y comenzamos a recuperar el control.
Conectar con el cuerpo
Aunque es relativamente reciente en el campo de la psicología y la neuropsicología, para muchos no será novedad que, como insinúa el nombre de nuestra revista, cuerpo y mente están conectados. Y es por eso que, según Leticia Martín Enjuto, este es otro paso esencial del proceso.
“El cuerpo juega un papel fundamental. Las emociones no solo se piensan, también se sienten físicamente”, nos explica. Al conectar con el cuerpo, salimos de la mente, reducimos la rumiación y podemos actuar sobre esas sensaciones físicas que nos está produciendo la situación.
La experta recomienda “técnicas como la respiración consciente, el movimiento o incluso un pequeño cambio de entorno”. Con estos trucos nos anclamos al cuerpo, facilitando que la intensidad emocional se reduzca. Este paso es crucial para el “reset” mental, porque, como dice Leticia, “a veces el reinicio empieza por algo tan simple como levantarte y dar un paseo”.
Reparación
“Es importante entender que reiniciarse rápido no equivale a evitar responsabilidades”, remarca Leticia. Para ella, la reparación es parte del reinicio. “Si has cometido un error, el proceso incluye revisarlo, asumirlo y corregirlo en la medida de lo posible”, afirma.
Que estemos abiertos a la reparación, sin embargo, no quiere decir que nos quedemos anclados en la culpa. Se trata, explica la psicóloga, de “aprender y ajustar, en lugar de castigarte indefinidamente”.
Cambiar la narrativa
El siguiente paso en la lista es cambiar la narrativa, porque, como decía el psicólogo William James, “eres tú, con tu forma de hablarte cuando te caes, el que determina si te has caído en un bache o una tumba”.
Para Leticia este punto también es clave, porque sabe que tras una mala experiencia, pensamientos como “todo me sale mal” o “no sirvo para esto” pueden ser habituales. “Reiniciarte implica sustituir esas interpretaciones globales por otras más ajustadas, como ‘esto no ha salido como esperaba’ o ‘puedo aprender algo de aquí’. No es positivismo ingenuo, sino realismo constructivo.
Autocompasión
Para acabar, explica la psicóloga a este medio, tenemos que hablar de un elemento clave: la autocompasión. “Las personas que se reinician más rápido no son las que menos fallan, sino las que se tratan con más comprensión cuando lo hacen”, asegura la experta.
“Reducir la dureza interna permite que el sistema emocional se recupere antes y evita prolongar el malestar innecesariamente. También conviene ajustar expectativas. Pretender no equivocarse o tener siempre días perfectos genera una presión irreal que dificulta el reinicio”, nos confiesa.
Si esto no te sale de forma natural, no te preocupes, porque el reinicio es una habilidad que se entrena. “Una conversación que no ha ido bien puede convertirse en una oportunidad para practicar: reconocer la incomodidad, extraer una conclusión y seguir adelante. Lo mismo ocurre con un entrenamiento que te has saltado o una tarea que no has completado. Todas son oportunidades de entrenar la resiliencia”, asegura Martín Enjuto. Y es que no hemos venido a este mundo a ser perfectas, sino a mejorar un poco cada día.