La psicología confirma que cuando una persona se pone a la defensiva, muchas veces el problema no es su actitud, sino los comentarios que recibe

¿Conoces a alguien que parece estar constantemente a la defensiva? Antes de juzgar rápidamente a esa persona, piensa en el tipo de comentarios que recibe. Ahí, nos dice la psicóloga Leticia Martín Enjuto, podría estar la clave para comprender su comportamiento.

No siempre tenemos las herramientas necesarias para hacer frente a algo que nos molesta. No siempre podemos ser directos, asertivos y comunicativos. No es fácil dar con las palabras adecuadas, con el momento adecuado. Ni siquiera estamos siempre en el contexto adecuado para comunicar que algo nos está doliendo. Y entonces, no falla, nos ponemos a la defensiva.

Pero ¿y si el problema no fuera realmente nuestra actitud, sino los comentarios que estamos recibiendo? La comunicación es un acto en el que intervienen más de un participante y, por tanto, no podemos echar la culpa únicamente a quien reacciona a la defensiva. Comprender lo que hay detrás es clave. Y para ello contamos con la psicóloga Leticia Martín Enjuto, colaboradora habitual de Cuerpomente y directora del Centro de Psicología que lleva su nombre.

Preparada para defenderse

A veces conocemos a personas que parecen estar siempre preparadas para defenderse. Les haces una pregunta y enseguida sienten que tienen que justificarse. Haces un comentario y responden como si les hubieras atacado. Desde fuera es fácil pensar que son personas difíciles, susceptibles o que tienen una actitud complicada. Pero juzgar con prisas suele acabar mal.

“Antes de quedarnos únicamente con su reacción, merece la pena detenernos y preguntarnos qué ha ocurrido para que esa persona sienta que necesita protegerse”, nos aconseja la psicóloga Leticia Martín Enjuto, con la que hablamos para comprender este fenómeno.

Y es que esto de “ponerse a la defensiva” no aparece de la nada. “Muchas veces es una reacción automática que surge cuando sentimos que nos están juzgando, cuestionando, criticando o haciendo sentir mal. En ese momento dejamos de escuchar el comentario con tranquilidad porque emocionalmente estamos más preocupados por protegernos”, nos explica Leticia. Y así, algo que puede parecer una reacción excesiva desde fuera empieza a comprenderse si nos preguntamos cómo esa persona ha interpretado lo que acaba de escuchar o si tenemos en cuenta experiencias que ya ha vivido anteriormente.

Palabras que duelen

El problema, quizá, es que hay frases que tenemos tan normalizadas que ni siquiera nos damos cuenta del efecto que pueden producir. “No se te puede decir nada”, “qué sensible eres”, “siempre estás igual” o “todo te lo tomas a mal”. Pueden parecer comentarios sin demasiada importancia, pero cuando se escuchan una y otra vez terminan dejando huella.

Ante este tipo de comentarios, nos explica la psicóloga: “La persona puede acabar sintiendo que expresar lo que piensa o lo que siente siempre va a convertirse en un problema”. Y así, poco a poco, aprende a ponerse una armadura antes incluso de que llegue la crítica.

“Ahora bien, entender de dónde viene una reacción no significa justificar absolutamente cualquier comportamiento”, matiza la experta. “Todos podemos equivocarnos, interpretar mal las palabras de alguien o responder de una manera que no sea adecuada. Pero también tenemos que hacernos responsables de cómo tratamos a los demás. Una cosa es reconocer que necesitamos trabajar nuestra forma de reaccionar y otra muy distinta pensar que tenemos que aceptar cualquier comentario, cualquier tono o cualquier manera de hablarnos”.

La historia personal

“En muchas ocasiones, cuando profundizamos en consulta, descubrimos que detrás de esa aparente susceptibilidad hay una historia personal”, continúa la especialista. Y es que, a la hora de interpretar lo que otros nos dicen, el pasado cuenta, y mucho.

“Puede ser alguien que durante años ha recibido críticas constantes, que ha sentido que nunca hacía las cosas suficientemente bien o que ha tenido que explicar continuamente sus decisiones”, reflexiona Leticia. Cuando vivimos mucho tiempo sintiendo que estamos siendo evaluados, aprendemos a estar alerta. Por eso, determinadas palabras pueden activar emociones mucho más intensas de lo que la persona o incluso quien está delante puede imaginar.

Un ataque personal

Por supuesto, también debemos tener cuidado con los ataques velados. Y es que hay una diferencia enorme entre hacer una crítica y atacar a alguien. “No es lo mismo decir ‘creo que podrías haberlo hecho de otra manera’ que decir ‘siempre haces todo mal’”, nos explica Leticia Martín Enjuto.

Mientras que “la primera frase permite conversar, pensar y quizá incluso reconocer un error, la segunda puede hacer que sintamos que no están cuestionando algo que hemos hecho, sino nuestra propia manera de ser”. Y cuando sentimos que nuestra persona está siendo atacada, es mucho más fácil que aparezca la necesidad de defendernos.

Cambiar la forma de comunicarnos

Lo que está claro es que no siempre será culpa de esa persona que reacciona ante algo que ha sentido un ataque. Por eso, cuando pensamos que alguien “se pone a la defensiva por todo”, también puede ser interesante mirar nuestra propia forma de comunicarnos con esa persona.

“Quizá hacemos demasiadas preguntas, damos consejos que no nos han pedido, utilizamos la ironía o sacamos continuamente errores del pasado”, explica Leticia. “Tal vez creemos que simplemente estamos diciendo nuestra opinión, pero la otra persona puede estar recibiendo nuestros comentarios como una sucesión constante de juicios”. La comunicación no depende únicamente de lo que queremos decir, sino también de cómo hacemos sentir al otro cuando lo decimos.

Publicado originalmente en Cuerpomente · Celia Pérez León

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