Por qué a los 60 lloramos con más facilidad y es buena señal que lo hagamos según la psicología

¿Has notado que lloras más de lo que llorabas antes ahora que te acercas a los 60 o incluso los superas? No eres la única, y la psicóloga Leticia Martín Albaladejo nos explica por qué sucede.

En una entrevista que Xavier Sardà concedía a Charlas Generación + recientemente, el periodista confesaba algo con lo que muchos pueden sentirse identificados. A partir de los 60, le resulta mucho más sencillo echarse a llorar. Se ha vuelto una persona de lágrima fácil o, al menos, confiesa que llora con más facilidad que antes de pasar la barrera de los 60.

El fenómeno puede sonar cuánto menos peculiar, pero en realidad es algo generalizado. Así lo explica la psicóloga Leticia Martín Enjuto para Cuerpomente. “Es habitual que personas alrededor de los 60 me digan en consulta: ‘Antes no lloraba así’”, asegura.

“Se emocionan con una canción, una conversación sencilla o un recuerdo inesperado, y a veces lo viven con preocupación. Sin embargo, los estudios trasladan que llorar con más facilidad en esta etapa de la vida no solo es normal, sino que suele ser una señal de mayor contacto emocional y salud psicológica”. Y por supuesto, todo esto tiene una explicación razonable.

El llanto como señal de todo lo que hemos vivido

Pasados los 60, no es extraño que la vida se mire con mayor perspectiva. Los años vividos, las experiencias superadas, ofrecen una visión más amplia de cuanto acontece. “La historia personal pesa: lo vivido, lo perdido, lo aprendido y lo que ya no volverá”, nos explica la directora del Centro de Psicología Leticia Martín Enjuto, y “esa conciencia del tiempo hace que las emociones se vuelvan más profundas y significativas, y el llanto aparece como una forma natural de integrar la propia biografía”.

Es decir, que el llanto aparece como una señal de haber vivido, haber crecido y haber tomado conciencia de la vida en su mayor amplitud. Algo que, con los años, solo puede seguir aumentando cuando se vive con sentido y conciencia.

Las emociones se muestran con menos censura interna

La situación cuenta también con una explicación física desde el punto de vista de la neurociencia, y es que, como nos explica Leticia, a medida que cumplimos años “observamos una menor inhibición emocional”.

“El sistema nervioso responde de forma distinta, con menos prisa y menos tensión acumulada. Esto permite que la emoción llegue antes a la conciencia y se exprese sin tanta censura interna”, explica la experta. Esto puede hacer que sea más fácil liberar esa lágrima que, quizá años atrás, resultaba más sencillo reprimir.

Aumenta de la empatía

“Otro aspecto que veo con frecuencia en consulta es el aumento de la empatía”, señala la experta. Y es que en contra de lo que suelen proclamar ciertos prejuicios hacia la generación de los nacidos en la década de 1960, la edad confiere cierta perspectiva que mejora la empatía.

“A los 60 se conecta más con el sufrimiento ajeno, con la fragilidad humana y con las historias de otros”, señala Leticia. “Llorar ante lo que le ocurre a alguien más no es debilidad: es sensibilidad y capacidad de vínculo”.

nos da menos miedo mostrarnos vulnerables

Hay otra explicación razonable a esta tendencia al llanto que muchas personas experimentan pasados los 60. Y es que, “desde una mirada evolutiva”, continua la psicóloga, “los 60 pueden ser una etapa de reconciliación con la propia vulnerabilidad. Ya no se trata de controlar todo, sino de permitirse sentir. Y eso, lejos de ser un retroceso, suele ser una conquista emocional”.

Esta es la principal razón por la que especialistas del campo de la salud mental consideran que llorar con mayor facilidad a medida que pasan los años no solo es normal, sino que es una excelente señal de que la evolución de la persona ha sido favorable. “Cuando alguien me dice que ahora llora más, suelo responder lo mismo: probablemente estás más conectado contigo mismo”, llega a afirmar la experta a la que consultamos.

Llorar puede ser muy sano

En cualquier caso, y sea cual sea la explicación que aceptemos como cierta en nuestro caso particular, para Leticia Martín Enjuto hay algo indiscutible: llorar, en especial si se hace con más facilidad a medida que pasan los años, es una práctica muy saludable.

“Durante muchos años, especialmente en determinadas generaciones, se aprendió que llorar era algo que había que evitar. Pero sabemos que reprimir emociones tiene consecuencias: el cuerpo acaba hablando en forma de ansiedad, somatizaciones o tristeza difusa. El llanto, en cambio, permite liberar, ordenar y procesar”, nos explica la experta.

A nivel fisiológico, además, llorar cumple una función muy particular en la regulación emocional. “Muchas personas describen después una sensación de alivio, de descanso interno o incluso de claridad. No es casual: el llanto activa mecanismos de autorregulación que calman y equilibran”, concluye la especialista.

Publicado originalmente en Cuerpomente · Celia Pérez León