La psicología confirma que las personas que agradecen excesivamente los pequeños favores no lo hacen solo por educación, sino porque para ellas recibir ayuda suele tener un impacto que va más allá del propio gesto

¿Conoces a alguien que parece muy agradecido cada vez que le haces un pequeño favor? La psicóloga Leticia Martín Enjuto nos explica por qué sucede esto. En realidad, es mucho más que un gesto de simple educación.

Hay personas que, cuando les haces un favor, te dan las gracias como si les hubieras devuelto la vida. Como si ese pequeño detalle, esa ayuda minúscula, fuera un auténtico tesoro que estás entregándole sin miramientos. Pero ¿por qué sucede esto en realidad? Es fácil pensar que se debe a que esa persona es muy educada o agradecida, pero en realidad es más complejo que eso.

La psicóloga Leticia Martín Enjuto, colaboradora habitual de Cuerpomente y directora del Centro de Psicología que lleva su nombre, nos resuelve esta duda en una breve entrevista. Y es que, en realidad, tras una persona que siempre da las gracias con mucha efusividad puede esconderse un corazón que percibe la ayuda como algo que va más allá del propio gesto.

El agradecimiento

Dar las gracias es algo que hacemos constantemente y que forma parte de una relación sana con los demás. Agradecemos que alguien nos ayude, que tenga un detalle con nosotros o que nos facilite algo en un momento determinado. Sin embargo, hay personas que sienten la necesidad de agradecer de una manera especialmente intensa incluso cuando reciben un pequeño favor. ¿Por qué?

“En algunos casos, detrás de ese ‘muchísimas gracias’ puede haber bastante más que educación o gratitud”, nos explica Leticia. En realidad, no todas las personas reciben los favores de la misma manera, porque no para todas significa lo mismo.

Por ejemplo, nos explica la experta, “para ciertas personas recibir ayuda puede resultar incómodo”. No es que no valoren el gesto, sino que sienten que están adquiriendo una especie de deuda con quien les ha ayudado. Ese tipo de personas podría pensar que ahora tienen un favor que devolver, una suerte de deuda que solo se puede pagar haciendo algo por esa persona. O demostrando constantemente que están agradecidas. “Por eso, algo que para el otro ha sido un gesto completamente natural puede generarles bastante movimiento emocional”, asegura Martín Enjuto.

Experiencias del pasado

Esta forma tan diferente de reaccionar ante alguien que nos hace un favor depende de nuestras experiencias del pasado y de la manera en la que hemos aprendido a desenvolvernos en la vida. “Hay personas que se han acostumbrado desde muy pequeñas a hacerlo todo solas, a no pedir demasiado y a intentar no molestar a nadie. Han aprendido a ser independientes y a resolver sus problemas por sí mismas”, nos explica Leticia.

Es por eso que, cuando alguien aparece y les ofrece ayuda, pueden sentirse agradecidas, pero también un poco fuera de lugar porque no están acostumbradas a ocupar ese papel. En general, debemos tener en cuenta que la historia personal siempre está presente.

“Si una persona ha crecido o ha mantenido relaciones en las que los favores siempre tenían un precio, es comprensible que aprenda a desconfiar de ellos”, ejemplifica Leticia. Este tipo de personas pueden haber interiorizado que cuando alguien hace algo por ti, tarde o temprano tendrás que devolverlo. “De adulto, ese aprendizaje puede mantenerse incluso cuando la realidad es completamente diferente y la persona que ayuda no espera absolutamente nada a cambio”, añade la especialista.

Miedo a molestar

“También puede existir un miedo bastante profundo a molestar”, sugiere la psicóloga. Esa idea de que cuando estamos recibiendo ayuda estamos molestando es mucho más habitual de lo que podríamos imaginar. Ante una oferta de ayuda, ante un favor, aparecen pensamientos como: “No quiero dar trabajo”, “seguro que estoy abusando” o “quizá debería haberlo hecho yo sola” son pensamientos que pueden aparecer en estas situaciones.

“El agradecimiento excesivo se convierte entonces en una manera de tranquilizarse y de asegurarse de que la otra persona sabe que no dan por hecho su ayuda”, asegura Leticia. Porque de cierta forma, esa persona necesita asegurarse de que el otro no lo asuma como alguien que se aprovecha o se convierte en una molestia sin tener en cuenta a los demás.

Inseguridad personal

Otro factor que debemos tener muy presente en estos casos es la inseguridad personal. “Cuando alguien no confía demasiado en sus propias capacidades, necesitar ayuda puede reforzar la idea de que no es suficientemente capaz”, nos explica la psicóloga.

Es por eso que, en lugar de vivir el favor como algo normal entre dos personas, puede interpretarlo como una prueba de sus propias limitaciones. “Eso puede explicar por qué siente la necesidad de agradecer tanto algo que, objetivamente, era un gesto muy pequeño”, añade la experta.

No es solo educación

Los factores que pueden intervenir en este tipo de reacciones pueden ser muy diversos, pero, en cualquier caso, es fácil llegar a una conclusión: no podemos dar nada por sentado. De hecho, nos dice la psicóloga, tampoco deberíamos interpretar automáticamente que alguien que da las gracias muchas veces tiene un problema.

“Puede ser simplemente una persona educada, cariñosa o acostumbrada a expresar mucho su agradecimiento. La cuestión está en cómo se siente por dentro. Si aceptar ayuda genera culpa, ansiedad, vergüenza o una necesidad constante de compensar al otro, quizá haya algo más profundo que trabajar”, concluye Leticia.

Publicado originalmente en Cuerpomente · Celia Pérez León