La situación nos resulta cotidiana, pero tiene un profundo significado que ignoramos. Quedas con unos amigos, os quedáis hasta tarde y, de vuelta a casa te dicen: “¡Avisa cuando llegues!”. Pero como vas pensando en mil cosas, al final llegas a casa y te olvidas de avisar. Esa misma noche, recibes un mensaje. Discreto, sencillo. Quizá ni siquiera lo ves en el momento. Dice: “¿Has llegado bien?”.
El gesto parece minúsculo, y solemos pensar que la otra persona lo ha hecho simplemente por costumbre. Pero, en realidad, tras este gesto se esconde algo mucho más importante. Así nos lo explica la psicóloga Leticia Martín Enjuto, colaboradora habitual de este medio y directora del Centro de Psicología que lleva su nombre. Porque tras este sencillo mensaje no se esconde la costumbre, sino el deseo de cuidar de un vínculo por medio de los pequeños detalles.
Los pequeños detalles
“Hay detalles que parecen pequeños, pero que tienen mucho más significado del que solemos darles”, nos dice Leticia en cuanto le preguntamos por este comportamiento. Porque sí, uno de esos detalles que tienen más significado del que imaginamos es preguntar a alguien si ha llegado bien.
“Puede ocurrir después de una cena, cuando alguien vuelve a casa, después de una cita o simplemente cuando sabemos que una persona tiene que hacer un trayecto. No requiere mucho esfuerzo, pero sí implica que, durante un momento, hemos pensado en el bienestar de esa persona”, continúa la experta.
Para ella, este tipo de comportamiento puede entenderse como “una forma cotidiana de cuidado”. Y es que tendemos a pensar que demostrar afecto implica hacer grandes cosas, cuando en realidad muchas relaciones se sostienen sobre pequeños gestos que se repiten en el día a día. “Preguntar si alguien ha llegado bien es una manera sencilla de mantener la conexión incluso cuando ya no estamos físicamente juntos”, añade la experta.
En los zapatos del otro
El gesto es importante, precisamente, porque significa que esa conexión que hemos compartido cuando estábamos juntos se prolonga más allá del espacio. Cuando hacemos esta pregunta, antes hemos tenido presente que esa persona tenía que volver a casa, que tenía un trayecto por delante o que quizá llegaría tarde.
“Ese pequeño recuerdo transmite al otro que no ha pasado desapercibido, que hemos prestado atención a lo que nos contó y que, aunque cada uno haya seguido con su día, hemos seguido teniéndolo presente”, nos explica Leticia.
“En consulta hablamos mucho de la importancia de estos pequeños comportamientos dentro de las relaciones”, continúa. Y es que el cuidado no siempre aparece en momentos importantes o cuando ocurre algo grave. Muchas veces está en preguntar cómo ha ido algo que nos preocupaba, recordar una fecha, escribir después de una situación difícil o interesarnos por cómo se encuentra alguien sin que exista un motivo especial. “Son pequeñas formas de decirle al otro que estamos ahí”, afirma la psicóloga.
Cuidado o control
Aunque el gesto parece esencialmente positivo, estas tres palabras también pueden adquirir un tinte preocupante cuando se da en una situación de control. “Preguntar si alguien ha llegado bien no significa querer saber constantemente dónde está o qué está haciendo”, nos explica Leticia.
Cuando la pregunta nace del afecto y no exige una determinada respuesta, estamos ante una muestra de interés saludable. “El problema aparece cuando ese interés se convierte en necesidad de controlar, supervisar o recibir explicaciones continuamente”, continúa la experta. “La diferencia no está tanto en la pregunta como en la intención que hay detrás”.
La expresión del afecto
Hay otro detalle interesante en este gesto, nos dice Leticia, y es que “no todas las personas expresan el cariño de la misma manera”. Hay quienes son muy expresivos verbalmente y dicen con facilidad lo que sienten, mientras que otras personas tienen más dificultades para hacerlo y muestran su afecto a través de conductas.
“Quizá no digan continuamente que les importamos, pero se acuerdan de que teníamos una entrevista, nos preguntan cómo ha ido el examen o escriben para saber si hemos llegado a casa. También esa es una forma de querer”, afirma la psicóloga.
Seguridad en la relación
Y lo más curioso de todo es que, aunque muchas veces no le damos importancia a estos gestos o creemos que son cuestión de costumbre, son precisamente estos pequeños detalles los que de verdad cuentan al hacernos sentir importantes, al hacer que nos sintamos seguros dentro de una relación.
No porque necesitemos que alguien nos pregunte constantemente para sentirnos queridos, sino porque saber que hay personas que se preocupan por nosotros genera una sensación de cercanía y confianza. “Los vínculos suelen fortalecerse precisamente a través de esta atención cotidiana, mucho más que mediante grandes demostraciones puntuales”, concluye la psicóloga.