Leticia Martín Enjuto, psicóloga: “La felicidad no es una meta fija ni un destino. Tiene más que ver con la coherencia interna”

La psicóloga Leticia Martín Enjuto conversa con Cuerpomente para reflexionar sobre los mitos que rodean la felicidad y nos explica por qué el bienestar real no depende tanto de lo que tenemos como de la relación que mantenemos con nuestras emociones, valores y relaciones.

En una sociedad que nos empuja a perseguir la felicidad como si fuera un objetivo permanente, cada vez más especialistas en salud mental invitan a replantearnos esa idea. Una de ellas es Leticia Martín Enjuta, directora del Centro de Psicología que lleva su nombre y colaboradora habitual de nuestra revista, y a la que entrevistamos para hablar de una idea reveladora: el bienestar no consiste en eliminar el sufrimiento ni en alcanzar una meta definitiva, sino en vivir con mayor coherencia entre lo que sentimos, pensamos y hacemos.

En esta entrevista reflexiona también sobre las creencias que nos alejan de la felicidad, el impacto de las redes sociales en nuestra autoestima y la importancia de cultivar vínculos profundos, el autoconocimiento y pequeños momentos de presencia en la vida cotidiana.

—Para ti, ¿existe un secreto de la felicidad?

A mi juicio, no existe un “secreto” único de la felicidad. En consulta he comprobado que no es una meta fija ni un destino al que se llega y se permanece. La felicidad es más bien un proceso dinámico y cambiante, influido por nuestras circunstancias, pero sobre todo por la forma en que las interpretamos. Tiene mucho que ver con la coherencia interna: cuando nuestras decisiones, relaciones y proyectos están alineados con nuestros valores, experimentamos una sensación de plenitud más estable que cuando perseguimos metas impuestas desde fuera.

—Vivimos en la era de las comodidades, ¿por qué nos cuesta tanto entonces ser felices?

Exacto, vivimos rodeados de comodidades, pero no necesariamente de sentido. El confort material resuelve necesidades básicas y reduce incomodidades, pero no responde a preguntas profundas como “¿para qué hago lo que hago?” o “¿qué significado tiene mi vida?”. Además, la sobreestimulación constante y el ritmo acelerado dificultan la introspección. Paradójicamente, cuanto más tenemos, más expectativas generamos, y esa brecha entre expectativa y realidad suele convertirse en frustración.

—¿Qué creencias erróneas nos alejan de la felicidad?

Por ejemplo, pensar que “ser feliz es no sufrir”, cuando en realidad el sufrimiento forma parte inevitable de la experiencia humana. También la idea de que “cuando consiga X estaré bien”, posponiendo indefinidamente el bienestar.

Otra creencia frecuente es compararnos constantemente y asumir que los demás viven mejor que nosotros. Estas narrativas internas crean una carrera interminable que rara vez produce satisfacción duradera.

—¿Es peligroso convertir la felicidad en una obligación?

Esta visión puede ser muy perjudicial. Cuando la transformamos en mandato, “debería sentirme bien todo el tiempo”, cualquier emoción incómoda se interpreta como un fallo personal. Eso genera culpa, autoexigencia y, en muchos casos, ansiedad. Las emociones desagradables cumplen funciones adaptativas; rechazarlas solo intensifica el malestar y nos desconecta de nosotros mismos.

—¿Qué papel juega la frustración en una vida sana?

Cumple un papel fundamental en una vida psicológicamente sana. Es la emoción que aparece cuando la realidad no coincide con nuestras expectativas, y precisamente por eso nos ayuda a ajustar metas, desarrollar paciencia y fortalecer la tolerancia a la incertidumbre.

Evitarla a toda costa nos vuelve frágiles. Aprender a sostener la frustración, en cambio, nos hace más resilientes y nos prepara para desafíos mayores.

—¿Podemos ser felices en etapas difíciles?

Sí, es posible experimentar momentos de felicidad en etapas difíciles. Acompañando procesos de duelo, enfermedad o crisis vitales, he visto cómo el dolor no anula la capacidad de sentir gratitud, conexión o incluso alegría.

Las emociones no se excluyen mutuamente; pueden coexistir. Reconocer pequeños instantes de bienestar en contextos adversos no significa negar la dificultad, sino ampliar la experiencia emocional.

—¿Cómo influyen las redes sociales en nuestra percepción de bienestar?

Influyen notablemente en nuestra percepción de bienestar. Plataformas como Instagram o TikTok muestran versiones filtradas y cuidadosamente seleccionadas de la realidad.

Cuando nos comparamos con esas narrativas idealizadas, tendemos a subestimar nuestra propia vida. Además, la validación a través de “me gusta” puede condicionar la autoestima y generar dependencia emocional del reconocimiento externo.

—¿Qué relación hay entre autoestima y felicidad?

Es profunda y bidireccional. Una autoestima sana no consiste en sentirse superior, sino en aceptarse con humanidad, reconociendo fortalezas y límites. Cuando me trato con respeto y compasión, mi bienestar deja de depender exclusivamente de factores externos. Esto no elimina las dificultades, pero sí aporta una base interna más sólida para afrontarlas.

—¿Cómo podemos ser optimistas sin caer en el autoengaño?

Ser optimista sin caer en el autoengaño implica practicar un optimismo realista. No se trata de negar los problemas ni de repetir afirmaciones vacías, sino de reconocer las dificultades y, al mismo tiempo, confiar en nuestros recursos para afrontarlas. Es una postura activa: veo el desafío con claridad y me pregunto qué está bajo mi control. Esa combinación de aceptación y responsabilidad fortalece la esperanza auténtica.

—¿Cómo deberíamos lidiar con los pensamientos negativos?

Con los pensamientos negativos, mi enfoque no es luchar contra ellos, sino aprender a relacionarme de otra manera. Intentar suprimirlos suele intensificarlos. Prefiero trabajar desde la observación consciente: identificar el pensamiento, ponerlo en palabras y cuestionar su veracidad.

No todo lo que pienso es un hecho; muchas veces son interpretaciones automáticas. Separar pensamiento de realidad reduce su impacto emocional.

—¿Cómo podemos cultivar más pensamientos positivos en nuestro día a día?

Para cultivar pensamientos más constructivos, es fundamental entrenar la atención. Nuestro cerebro tiene un sesgo natural hacia lo negativo como mecanismo de supervivencia, pero podemos equilibrarlo. Practicar gratitud específica, reformular interpretaciones catastróficas y limitar la rumiación son estrategias eficaces.

No se trata de forzar positividad, sino de ampliar el foco para incluir también lo que funciona y aporta bienestar.

—¿Qué importancia le darías a la amistad en la salud mental?

La amistad es uno de los pilares más importantes de la salud mental. Los vínculos seguros regulan nuestras emociones y nos proporcionan sensación de pertenencia. El apoyo social actúa como amortiguador del estrés y reduce el impacto de situaciones adversas. Sentirnos escuchados y comprendidos fortalece nuestra identidad y nuestro equilibrio psicológico.

—¿Qué diferencia a un verdadero amigo?

Un verdadero amigo se distingue por la reciprocidad y la autenticidad. Es alguien con quien puedo mostrarme vulnerable sin temor constante al juicio. Hay respeto por los límites, interés genuino y disposición a acompañar tanto en momentos felices como difíciles. La amistad auténtica no es utilitaria, sino basada en el cuidado mutuo.

—¿Por qué es tan importante aprender a disfrutar de los pequeños momentos?

Es esencial porque la vida cotidiana está compuesta de ellos. Si condiciono mi bienestar a grandes logros futuros, me pierdo la experiencia presente. Un café tranquilo, una conversación honesta o un paseo consciente pueden tener un impacto profundo en nuestro equilibrio emocional si aprendemos a valorarlos.

—¿Qué sucede cuando no nos escuchamos ni respetamos nuestros límites?

En estos casos, el cuerpo y la mente suelen manifestarlo. Aparecen ansiedad, irritabilidad, agotamiento o incluso síntomas físicos. Ignorar nuestras necesidades por cumplir expectativas externas puede generar resentimiento y desgaste emocional. Respetar los límites no es egoísmo; es una forma de autocuidado responsable.

—¿Cuál es el primer paso para empezar a vivir más en armonía con nosotros mismos?

Sin duda es desarrollar autoconciencia. Preguntarme con honestidad qué estoy sintiendo y qué necesito me permite tomar decisiones más coherentes. Sin esa pausa reflexiva, actuamos en piloto automático, repitiendo patrones que quizá ya no nos representan.

—¿Qué tres hábitos recomendarías para vivir con más calma y conciencia?

Recomiendo establecer un momento diario de silencio o reflexión, incorporar movimiento físico regular para regular el sistema nervioso, y practicar límites claros en el ámbito laboral y relacional. Veo en consulta cómo estos hábitos fortalecen la regulación emocional y reducen la sobrecarga acumulada.

—¿Qué pequeño cambio puede empezar hoy mismo alguien que siente que vive en automático?

Sería introducir una pausa consciente diaria. 15 minutos sin móvil, sin distracciones, solo respirando y observando. Puede parecer insignificante, pero esa interrupción del ritmo automático abre espacio para reconectar conmigo misma y empezar a elegir en lugar de reaccionar.

Publicado originalmente en Cuerpomente · Celia Pérez León