Las personas que siempre traen algo cuando se las invita comparten estos 5 rasgos de personalidad según la psicología

¿Cuándo alguien te invita a su casa, no dudas y te presentas con algo en las manos? Entonces, según la psicóloga Leticia Martín Enjuto, tienes estos tres rasgos de personalidad.

Una bonita costumbre que algunos practicamos es llevar algo siempre que te invitan. Si, por ejemplo, tus amigos te invitan a su casa a tomar un café, llevar unos pasteles puede ser un bonito detalle. Si, además, te han invitado para enseñarte su casa recién alquilada (o comprada), entonces presentarte con un regalo con el que felicitarlos puede ser incluso mejor.

Pero no todo el mundo tiene estos detalles, y, de hecho, con el tiempo, se están perdiendo cada vez más. Es por eso por lo que, desde Cuerpomente, hemos querido averiguar qué se esconde tras las personas que jamás se presentan con las manos vacías cuando los invitan. Y esto es lo que la psicóloga Leticia Martín Enjuto ha podido decirnos al respecto.

Estrategia social

El primer rasgo de personalidad que la experta destaca en estos casos es la “marcada necesidad de agradar”. Aunque ojo, porque no hay nada de malo en querer gustar a los demás, en contra de lo que creía imaginar.

“Esta motivación, lejos de ser negativa, en ocasiones, puede entenderse como una estrategia adaptativa para gestionar la ansiedad social o el temor a no ser aceptados, canalizando la inquietud hacia acciones constructivas que benefician a los demás”, expone la psicóloga.

Para muchas personas este ritual de preparar y entregar un regalo o un detalle, continua Leticia, “se convierte en una forma de anticiparse a posibles situaciones incómodas, facilitando la interacción y reduciendo la incertidumbre propia de los encuentros sociales”. Así, por ejemplo, encontrarte con personas a las que hace mucho que no ves puede dejar de ser tan incómodo. Tienes algo con lo que romper el hielo, y eso te hace sentir algo de tranquilidad.

También es una buena forma de demostrar buenas intenciones. Como si con el regalo, dijeras a la otra persona “vengo de buenas, soy tu amigo”.

Deseo de aprobación

En la misma línea que el rasgo anterior, la experta nos explica que hay cierto deseo de aprobación. “Esta meticulosidad refleja su deseo de causar una impresión positiva y de evitar cualquier malentendido o incomodidad, actuando, así como una herramienta adicional para paliar la ansiedad social”, expone.

Esto no quiere decir que el otro busque manipular, ni nada similar. En realidad, es tan solo una forma más en la que “la necesidad de agradar se manifiesta de manera natural, impulsando a la persona a esforzarse por ser reconocida y apreciada a través de sus aportes”.

Aunque no todo es tan inocente como pudiera parecer. “En algunos casos puede coexistir con matices de narcisismo o búsqueda de aprobación”, señala Martín Enjuto. No obstante, añade, “lo más habitual es que la motivación principal siga siendo la generosidad y el deseo de contribuir al bienestar colectivo”.

Empatía

A este marcado deseo de gustar, de encajar y sentirse parte, de paliar la ansiedad que pueden generar las interacciones, la experta nos explica que “quienes adoptan la costumbre de llevar un detalle o contribución a eventos sociales suelen presentar un perfil psicológico caracterizado tanto por la empatía”.

Y es que “estas personas tienden a preocuparse genuinamente por el bienestar de los anfitriones y los otros invitados, buscando activamente que todos se sientan cómodos y valorados”.

Todo esto revela, según Leticia Martín Enjuto, un “alto grado de consideración social y amabilidad”, que “los lleva a reflexionar sobre el impacto positivo de sus gestos”. Esto, a su vez, añade la experta, “refuerza su sentido de pertenencia y aceptación dentro del grupo”.

De esa forma, aunque la conducta nace “motivada en parte por el deseo de evitar el rechazo, también refleja una intención sincera de contribuir al ambiente colectivo”.

Mostrar amor

“La afectividad es otro rasgo destacado en estas personas”, nos explica Leticia Martín Enjuto, que asegura que “quienes eligen aportar algo personalizado o elaborado con sus propias manos buscan transmitir un mensaje de cariño y valor sentimental, fortaleciendo los vínculos emocionales a través de pequeños detalles que trascienden lo material”.

No se trata, por tanto, de comprar afectos, sino de transmitir una emoción real que quizá de otras formas no puede ser expresada. Recordemos que uno de los lenguajes del amor de Gary Chapman son los regalos.

Para la psicóloga, en este caso, queda claro que “este gesto, además de aliviar la tensión social, permite expresar emociones de manera indirecta y segura”.

Perfeccionismo

Para acabar, nos explica Leticia Martín Enjuto, “el perfeccionismo puede desempeñar un papel relevante en este tipo de comportamiento”.

Las personas que no llegan jamás con las manos vacías “suelen invertir tiempo y esfuerzo en seleccionar o preparar la contribución, preocupándose por cada detalle para asegurarse de que sea bien recibida”, concluye la experta.  

Motivos culturales

Aunque no es un rasgo de la personalidad en sí mismo, hay otro factor clave, y son los motivos culturales. Viví durante un tiempo en Chile, y allí es de mala educación “caer con las manos vacías”. Es decir, presentarte en casa de otra persona, sin un detalle, una aportación en forma de comida o bebida, para agradecer a quien te ha invitado. Igualmente, quien está en casa tiene por costumbre servir algo a sus invitados, así sea un simple vaso de agua.

La experta confirma mi experiencia, y asegura que “el valor simbólico de llevar un regalo o contribución cuando se es invitado depende en gran medida de la cultura a la que pertenezca el anfitrión y los invitados. Cada cultura tiene sus propias normas y expectativas respecto a los gestos de cortesía y reciprocidad, lo que puede hacer que un mismo comportamiento sea interpretado de formas muy distintas dependiendo del contexto social y geográfico”.

Por ejemplo, en España, “llevar una botella de vino, un postre o flores cuando se es invitado a una casa es considerado un gesto de cortesía y aprecio. Sin embargo, no siempre es una obligación, y su ausencia no suele ser mal vista, aunque sí es bien recibido el detalle”, explica la psicóloga.

“La etiqueta social también varía”, continua Leticia, en lo que se refiere a cómo se debe recibir un regalo. En algunas culturas, por ejemplo, “abrir el regalo delante de quien lo entrega es de mala educación, mientras que en otras es una muestra de entusiasmo y gratitud”.

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Publicado originalmente en Cuerpomente · Celia Pérez León

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