Las personas que dicen "no necesito a nadie" no es que sean muy seguras de sí mismas, sino que tuvieron experiencias en la infancia donde el afecto o la validación no estuvieron presentes

¿Eres una de esas personas que creen que no necesitan a nadie? ¿Conoces a alguien que siempre se niega a recibir ayuda? Estas son las seis heridas de la infancia que, según la psicóloga Leticia Martín Enjuto, podrían esconderse tras esta actitud.

En consulta, Leticia Martín Enjuto lo ve a menudo. Personas que repiten con firmeza frases como “yo puedo sola”, “no necesito a nadie” o “aprendí a depender únicamente de mí misma”. Así nos lo cuenta en la entrevista que nos concede para hablar de este tema tan importante. Porque, ¿qué hace que determinadas personas parezcan incapaces de aceptar la ayuda de los demás? ¿Se debe a algo que sucedió en su infancia?

Leticia nos asegura que sí. “Muchas veces se esconde una historia en común”, asegura, “experiencias tempranas donde el afecto, la seguridad o la validación no estuvieron presentes de la manera que el niño necesitaba”. Y es que la infancia es la etapa en la que aprendemos cómo funciona el amor, la confianza y el vínculo con los demás. Cuando un niño crece en un entorno que es emocionalmente inestable, crítico o distante, desarrolla ciertas heridas infantiles que se transforman en mecanismos de defensa para sobrevivir. Y uno de ellos es pensar que no necesitan a nadie que les ayude.

La herida de abandono

Tras esta aparente autosuficiencia, nos explica la psicóloga, en muchas ocasiones lo que se esconde es una profunda herida de abandono. “Hablamos de personas que, en algún momento de su vida, sintieron que no podían contar con quienes debían protegerlas. Padres ausentes, separaciones conflictivas, vínculos impredecibles… Todo esto enseña al niño que depender emocionalmente de alguien puede ser peligroso”, nos explica Leticia.

Con el tiempo, estos niños aprenden a reprimir sus necesidades afectivas para evitar nuevas decepciones. Y así, llegan a la edad adulta sintiendo que necesitar la ayuda de los demás es un signo de debilidad, de peligro, pasando a ser de esas personas que dicen sin que les tiemble la voz aquello de “no necesito a nadie”.

La herida de rechazo

La siguiente herida en la lista es la de rechazo, esa que nos hace sentir que somos defectuosos o insuficientes. “Los niños que crecieron sintiéndose criticados, comparados o poco valorados suelen desarrollar una coraza emocional”, nos explica la psicóloga.

Cuando estos niños se vuelven adultos, prefieren seguir manteniendo cierta distancia antes que arriesgarse a sentirse insuficientes de nuevo. “Decir ‘no necesito a nadie’ se convierte entonces en una forma de proteger su autoestima y evitar el dolor de no sentirse elegidos”, concluye la experta.

La herida de humillación

En casos más extremos, nos encontramos con adultos que en su infancia se enfrentaron a grandes humillaciones en el seno de su familia. Desde niños que fueron ridiculizados por mostrarse vulnerables o hablar de sus emociones, hasta aquellos que recibían insultos, nos encontramos con adultos que se sienten incapaces de pedir ayuda a los demás.

“Cuando un niño escucha constantemente frases como ‘no llores’, ‘eres demasiado sensible’ o ‘deja de exagerar’, aprende a esconder lo que siente. Ya de adulto, puede mostrarse frío, distante o excesivamente independiente porque asocia la vulnerabilidad con vergüenza”, nos explica Martín Enjuto.

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La herida de traición

Cuando somos pequeños, la traición emocional nos deja heridas muy profundas. Puede suceder con algo en apariencia tan “tonto” como contar un secreto a nuestra madre o nuestro padre y que este lo revele en voz alta pensando que no tiene importancia. O puede suceder con cosas mucho más graves.

“Algunas de estas personas crecieron en hogares donde las promesas nunca se cumplían o donde la confianza era constantemente rota”, explica la experta. “Esto genera adultos que sienten la necesidad de controlarlo todo y que evitan depender de otros por miedo a ser decepcionados. Aunque aparenten seguridad, en realidad viven con una dificultad enorme para confiar”.

La herida de invalidación emocional

Otra herida habitual en las personas que aseguran no necesitar nada de nadie es la herida de invalidación emocional. Aparece cuando crecemos escuchando que nuestros sentimientos no tienen importancia o que somos “demasiado dramáticos”.

La consecuencia en estos casos, explica Leticia, es que los niños “aprenden a desconectarse de sus emociones y a resolver todo en soledad”. Cuando llegan a la edad adulta, “pedir ayuda les resulta incómodo, porque, en el fondo, creen que nadie comprenderá realmente lo que sienten”.

La herida de falta de afecto

Para acabar, nos explica Leticia Martín Enjuto, es posible que los adultos que creen que no necesitan a nadie hayan sufrido la herida de falta de afecto genuino. “Hay infancias donde nunca faltó comida, educación o techo, pero sí abrazos, escucha y conexión emocional”, asegura la experta.

“Muchos adultos provenientes de estos entornos se vuelven extremadamente funcionales y autosuficientes, pero emocionalmente desconectados. Han aprendido a sobrevivir, aunque no necesariamente a vincularse de manera sana”, concluye Leticia. Y es que, para poder aceptar nuestra vulnerabilidad como adultos, primero necesitamos que haya sido arropada cuando éramos niños.

Publicado originalmente en Cuerpomente · Celia Pérez León

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