Si escuchabas estas 7 frases cuando eras niño, crecías en una familia que no te apoyaba emocionalmente (aunque lo hicieran sin mala intención)

Aquello que escuchamos en nuestra infancia puede modificar la forma en la que nos comportamos cuando somos adultos. Y estas frases en particular pueden ser una señal clara de que en tu familia no te apoyaban emocionalmente.

Lo que escuchamos cuando somos niños nos modifica de forma permanente. En esta etapa en la que estamos formando nuestra identidad y nuestra autoestima somos especialmente sensibles a las palabras que provienen, en particular, de nuestros padres o referentes adultos.

Algo que muchos compartimos cuando pasa el tiempo y echamos la vista atrás es la falta de apoyo emocional por parte de dichas figuras, algo que con el paso de los años puede convertirse en una incapacidad para mostrar emociones o expresar lo que sentimos con seguridad. Si cuando eras un niño o una niña escuchaste estas frases con cierta regularidad, es muy posible que hoy te cueste expresar tus emociones.

La FRASE 1 hace que escondas tus sentimientos

Es fácil escuchar esta frase en boca de adultos, sin intención de hacer daño. Estamos acostumbrados, porque así lo dicta la sociedad, a que llorar sea algo desagradable y a que sea reprochable hacerlo frente a otros. Por eso la frase "No llores, no es para tanto" es tan habitual oírla en la infancia. El problema, explica la psicóloga Leticia Martín Enjuto para Cuerpomente, es que “cuando a un niño le dicen eso, aprende que sus sentimientos molestan o estorban”.

Con esta frase, “la emoción queda invalidada, como si el dolor o la tristeza no tuvieran derecho a existir”, explica la experta. Con el paso del tiempo, la persona que escuchó esta frase acabará silenciando lo que siente para no molestar a los demás.

Ese “no es para tanto” se convierte en una voz interior que minimiza todo lo que sentimos. “No te quejes, no es importante. “Eso dificulta poner límites y pedir ayuda en la edad adulta, porque la necesidad emocional quedó marcada como algo prohibido”, asegura la psicóloga.

La Frase 2 te hace pensar que no te toman en serio

“Etiquetar la expresión emocional de un niño como ‘drama’ no solo desprecia su experiencia: le enseña a avergonzarse por mostrarla”, nos explica la psicóloga. Si durante tu infancia te decían habitualmente la frase "Deja de hacer dramas" y te acusaban de hacer dramas por todo, es posible que con el tiempo hayas desarrollado cierto miedo a expresarte, a pedir consuelo o a reconocer que las cosas te afectan.

“Esa minimización también genera desconfianza”, afirma la experta, “si nadie toma en serio mi emoción, ¿para qué la voy a compartir? Por eso muchas personas que crecieron con esa frase acaban aislándose o mostrando una frialdad aparente para protegerse”.

Por suerte, es algo que se puede trabajar. “En terapia trabajamos despacio para desmantelar esa vergüenza. Aprender a nombrar y comunicar lo que se siente sin miedo al juicio permite recuperar intimidad emocional y relaciones más auténticas”, añade Leticia.

La frase 3 te hace duro innecesariamente

Esta frase, prima hermana de la anterior, es todavía más peligrosa, porque asigna una identidad al niño. Nos referimos a la frase "Eres muy sensible". “Decirle a un niño que es ‘muy sensible’ muchas veces viene con un tono crítico o correctivo. El mensaje implícito es: hay algo en ti que está mal y deberías cambiarlo para encajar”, asegura la experta.

Esta etiqueta, que puede pender de nuestra identidad durante el resto de la vida, nos deja con una sensación de inferioridad constante frente a la propia naturaleza afectiva. “En la adultez, esa etiqueta suele provocar dos caminos: endurecerse para ‘no sentir tanto’ o sentirse constantemente vulnerable y defectuoso. Ninguna de las dos rutas respeta la sensibilidad como un rasgo valioso”, expone Martín Enjuto.

“Mi enfoque como psicóloga es ayudar a recuperar la sensibilidad como recurso: enseñar a regularla, a cuidarla y a usarla para conectar con otros, en vez de verla como una debilidad que hay que esconder”, concluye la psicóloga.

La frase 4 hace que te compares con los demás

Si creciste en un entorno competitivo, escuchaste esta frase o cualquiera de sus versiones varias veces a lo largo de tu infancia. La frase a la que nos referimos es "Mira a tu hermano/a, él/ella sí lo hace bien". Y eso, sin que lo supieras, te dejó una dolorosa herida.

“La comparación entre hermanos es una herida silenciosa”, nos explica la experta, “cuando un niño se siente valorado en relación a otro, aprende que su valía depende de ser mejor que alguien más, no de ser él mismo”.

Esto no solo siembra una rivalidad entre hermanos, sino que además nos hace crecer con inseguridad. “En la vida adulta esa voz comparativa se internaliza: ‘no soy suficiente’, ‘debo ser como tal persona para valer’. Es una fuente persistente de ansiedad y baja autoestima que condiciona decisiones y relaciones”, asegura Leticia.

La frase 5 hace que te cueste  mostrarte como eres

En nuestra sociedad, tendemos a pensar que una persona vulnerable es una persona débil. Y como adulto, debemos tener cuidado de no trasladar este mensaje a los más pequeños. Por eso la frase "No seas débil" no le hace ningún bien la niño cuando la escucha. “Al niño se le pide mostrar siempre fortaleza exterior, lo que implica que pedir ayuda o expresar miedo es inaceptable. El resultado habitual es una coraza emocional que impide la intimidad”, nos explica la experta.

Esto puede hacer que cuando seamos adultos, no seamos capaces de compartir angustias, buscar apoyo o admitir límites, lo cual, según la experta, “genera sobrecarga y soledad, puesto que mantener la imagen de ‘fuerte’ acaba aislándolo”.

La frase 6 destruye tu autoestima

Todas las etiquetas que nos ponen cuando somos pequeños, en una medida u otra, afectan a nuestra autoestima. A nuestra identidad. Esta, en particular, puede ser muy dolorosa. Según la experta, la frase "Nunca haces nada bien", lejos de corregir una conducta, daña la autoestima a un nivel que acompaña durante toda la vida con una voz interna crítica constante.

“Esa voz interna repetirá la frase en momentos de error o dificultad, alimentando miedo al fracaso y evitación. Muchas decisiones quedan paralizadas por el temor a confirmar esa sentencia heredada”, afirma la experta. “En el trabajo terapéutico se busca desacoplar la conducta del valor personal: equivocarse no convierte a nadie en inútil”.

La frase 7 hace que tengas miedo a que no te quieran

Para acabar, tenemos la que quizá suene más dura de todas. Y puede que no la hayas escuchado de forma literal, pero esta amenaza puede tener muchas formas. Nos referimos a la frase "Si sigues así, ya no te voy a querer" y sus variantes: "sigue así y verás”, “si sigues así no te escucho”, “si sigues así te quedas sola”, “si sigues así te vas a tu cuarto, “si sigues así conmigo no cuentes”.

“El amor condicionado es quizás la lección más dañina”, asegura la experta, porque “enseña que el cariño depende del rendimiento o del comportamiento, no es incondicional”. Cuando un niño escucha esta frase, crece con miedo a ser abandonado.

Y “esa inseguridad se traduce en relaciones adultas con miedo a perder el afecto, conductas complacientes o, por el contrario, en sabotajes para ¡probar’ el amor del otro. Vivir con la posibilidad constante de perder afecto desgasta profundamente la paz interior”, concluye.

Publicado originalmente en Cuerpomente · Celia Pérez León