Qué significa que una persona no soporte perder: estas son las carencias que esconde según la psicología

¿Eres de esas personas a las que le cuesta mucho perder? ¿O sabes llevar la derrota con deportividad? Si perteneces al primer grupo, o conoces a alguien que no soporta perder, toma nota, porque la psicóloga Leticia Martín Enjuto nos cuenta qué significa esto.

¿Sabes ese tipo de personas que no soportan perder ni al parchís? Si estás dentro de este grupo o conoces a alguien que se toma demasiado en serio cualquier tipo de competición, puede que te hayas preguntado por qué sucede esto. La psicóloga Leticia Martín Enjuto lo cuenta para Cuerpomente.

“Para muchas personas, perder no se siente como un simple resultado, sino como una herida directa a su autoestima”, nos explica la experta. Este tipo de personas ven la derrota como un símbolo de que no son suficientes, y por eso reaccionan con esa intensidad que parece desmesurada en determinadas circunstancias.

¿Realmente es tan importante ganar una partida de parchís? Para esas personas sí lo es, y según la experta, tiene una explicación mucho más profunda de lo que podemos imaginar.

Un vistazo al mundo emocional

“Desde pequeños, solemos aprender que ganar, trae aplausos y perder, críticas o vergüenza”, nos explica la psicóloga Leticia Martín Enjuto. “Ese aprendizaje se queda grabado y en la adultez puede traducirse en una gran dificultad para aceptar el fracaso. En el fondo, lo que molesta no es tanto perder en sí, sino lo que significa emocionalmente: sentir que fallar equivale a no valer o no ser aceptado”, continua.

Esta es, por tanto, una de las principales razones por las que ciertas personas no soportan perder. En esa tarde echando unas cartas está en juego su autoestima y autovaloración, y no solo unas cuantas risas.

Todo esto se ve reforzado por la reacción emocional. Y es que, como nos explica Leticia, “cuando alguien no tolera perder, lo más común es que surjan emociones intensas como rabia, frustración, vergüenza o incluso tristeza”.

Cada una de esas emociones cumple una función. La rabia, por ejemplo, sirve de escudo. “En lugar de mostrar la inseguridad o el dolor que hay detrás, la persona reacciona con ira para protegerse”, afirma la experta.

La ansiedad es otra emoción común en la intolerancia a la derrota. “Cada competencia o reto se vive como un examen que no puede fallarse, lo que impide disfrutar del proceso porque toda la energía se va en evitar la derrota”, asegura Leticia.

Otra posibilidad, continua la psicóloga, es que “detrás de la dificultad para perder haya heridas emocionales no resueltas”. La más habitual, según su experiencia clásica, es la falta de reconocimiento en la infancia. “Cuando alguien solo era valorado por ganar, aprendió que su valor depende del resultado”, explica la experta.

“Otra carencia común es la falta de confianza en uno mismo”, añade. Y es que, si la persona siente que no tiene recursos para manejar la frustración, cada vez que pierde se siente amenazado por emociones que le desbordan. “También aparece el miedo a no ser aceptado. Para muchos, perder trae consigo la idea de que serán rechazados, y esa inseguridad empuja a hacer todo lo posible por evitar la derrota”, concluye la psicóloga.

La autoestima en juego

En todo lo relacionado con perder, “la autoestima marca la diferencia”, nos explica Leticia. “Una persona con una base sólida sabe que perder es normal y que un resultado no define todo lo que es. En cambio, cuando la autoestima es frágil, cada derrota se vive como una sentencia personal”. En la mente de estas personas no existe un “vaya, he perdido”, lo que aparece en su mente es “soy un fracaso”, lo que hace la experiencia muy dolorosa.

Para poder resolver esto, recomienda la experta, toca “trabajar en quererse y valorarse más allá de los logros es fundamental”. Porque “cuanto más fuerte es la autoestima, más liviano se vuelve el peso de perder”.

Cuando perder se convierte en un problema

Aunque pueda parecer algo meramente anecdótico, lo cierto es que la incapacidad de aceptar con deportividad una derrota puede convertirse en un problema. De hecho, según la experta, esta tendencia puede complicar mucho las relaciones personales.

“En lo cotidiano, se traduce en discusiones innecesarias, competitividad excesiva o mal humor frente a situaciones que podrían ser simples”, asegura.

Quienes conviven con estas personas pueden interpretar en esta forma de lidiar con la derrota un “orgullo desmedido o incapacidad de disfrutar sin competir”, lo que a la larga puede generar distancia y desgaste en los vínculos.

“Si la actitud se repite constantemente”, expone la psicóloga, “las personas alrededor pueden cansarse y alejarse, dejando a la persona que no tolera perder en un círculo de aislamiento”.

Aprender a perder

Por suerte, podemos aprender a lidiar mejor con la derrota y trabajar esta incapacidad de aceptarla con deportividad. Para ello, nos explica Leticia, “el primer paso es cambiar la mirada”. Es decir, debemos entender que “perder no equivale a fracasar, es solo parte del juego de la vida, y cada derrota trae aprendizajes que pueden ayudarnos a crecer”.

“También es muy útil practicar la autocompasión”, añade la experta. “Hablarse con amabilidad y recordar que equivocarse no nos quita valor, es clave para aliviar la carga de perder”.

Todo esto suma, y nos permitirá aprender a lidiar mejor con la derrota. Para acabar, la experta nos añade una tarea más: “entrenar la tolerancia a la frustración en pequeñas cosas del día a día” y “aprender a aceptar lo que no sale como esperábamos, fortalece nuestra resiliencia y nos prepara para enfrentar derrotas más grandes con más calma”.

Publicado originalmente en Cuerpomente · Celia Pérez León